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Me arrancaron algo que era mío

"¿Bajar la voz? ¿Por qué tendría que hacerlo? Si uno murmura es porque teme o porque se avergüenza, pero yo no temo"

Las Voladoras, Mónica Ojeda

Cuando estaba cursando Antropología en la carrera, sentía una fascinación por un texto de Brenda Canelo en donde ella analizaba como migrantes andinos llevan sus prácticas fúnebres al Cementerio de Flores y el Estado las marca como "inapropiadas". Entonces le conté a una persona cercana sobre lo que había leído y esta persona condenó estas prácticas, porque no eran prácticas católicas, como debían ser según nuestra constitución. Lo que Nancy Fraser teoriza como estructura, Canelo lo registra etnográficamente en un cementerio del suroeste porteño: el Estado no le arranca a los migrantes bolivianos sus prácticas espirituales en un acto único y violento, sino que les niega sistemáticamente legitimidad espacial, que es otra forma de decir que les niega el derecho a existir públicamente con lo que son.

Las mujeres y su sexualidad, aparecen como una expropiación representada en lo que quiere un varón, analiza Verónica Boix, y menciona una docena de obras que dialogan con la cultura colonizadora de historias latinoamericanas, como el andino gótico de Monica Ojeda, para visibilizar la fuerza de otro mundo posible. Leer novelas como La hora de la estrella de Clarice Lispector nos da la oportunidad de indagar en la vulnerabilidad de cada narración, en lo que es propio pero es ajeno a lo que una siente. Aquellas historias que muestran cómo el cuerpo es expropiado mediante la pobreza, como también es el caso de La mucama de Omicunle, son tres autoras que intervienen en debates culturales actuales para poder liberarse como respuesta al despojo.

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