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Desaparecieron y se fueron

Al principio se iba a llamar "El Estado no me protege, me persigue". Sonaba fuerte, causaba impacto pero no sobre lo que quería transmitir, sino en la desarmonía frente a las demás categorías. Quizás esta categoría es la que más me interpela dentro de mi trabajo y de la que surge todo. Arianna de Souza-García habla en Atrás queda la tierra de la escritura como memoria y no puedo evitar pensar en aquella mañana de marzo, en donde me dí cuenta que no estaban las mismas voces luego de 50 años para contarlo, y que las que quedaban tampoco estarían para siempre. Sentí que no había leído suficiente de lo que pasó entre la década de los 70 y los 80 en nuestro país. Sentí que no había leído suficientes voces, aunque cada vez que me sumerjo en los libros es como escuchar las voces en mi cabeza, en voz alta.

Extraño el primer nombre de esta categoría, porque sonaba más directo: el Estado es una condición de fondo sin la cual el capitalismo no puede operar, según Fraser. Pero es contradictorio porque aquel Capital es el mismo que lo erosiona, lo privatiza y lo vacía de su capacidad de responder ante los ciudadanos. En Latinoamérica, particularmente, estas formas concretas son las dictaduras, exilios forzados, desapariciones, estados fallidos y autoritarismos. Esta categoría narra no solo la pérdida de un lugar físico, sino la ruptura del contrato entre el poder público y las personas que debía proteger. El Estado no falla accidentalmente, produce la condición de quien no puede quedarse. Desaparecieron y se fueron porque el poder político colapsó, se volvió represivo o simplemente abandonó a quienes no le resultan útiles al Capital.

Atusparia habla de cómo las instituciones quieren mantener el orden social tradicional sin responder ante las demandas de las comunidades marginadas. Todos se van habla de cómo el Estado decide el destino y la libertad de movimiento de las personas. Atrás queda la tierra expone como una crisis sistémica obliga a las familias a huir para sobrevivir. Necesitamos conocer la memoria de nuestros paises vecinos, porque la trama política, el despojo y la violencia de Estado en Latinoamérica no son eventos aislados, sino un engranaje que opera bajo las mismas lógicas. Y retomando a Arianna: la escritura no es solo un registro, es un acto de supervivencia colectiva.

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